Mis Fantasías Bajo La Noche

Mis Fantasías Bajo La Noche es un espacio destinado a una parte emocional sobre mi. Es el lugar donde expreso sentires más personales por medio de la escritura y que forman parte de mi personalidad. La escritura y redacción (quizá no la mejor) forman parte del aprendizaje en mi, a través de experiencias y vivencias diarias que han ido moldeando a lo que soy. Disfruta tu estancia en mi blog. Saludos y deja tus comentarios.

5. EL COMIENZO
El cantar de un gallo fue el motivo para que Jehán despertara. Se encontraba en su cama con un par de mantas puestas sobre él. Se sentó en la cama, despistado y mirando para todos lados. Vio la cama de su primo Vicenzo que ya estaba vacía y tendida. Al parecer ya se había levantado. Se volvió a acostar y se envolvió en sus mantas.
- ¡Jehán! Levántate -. Resonó un grito desde afuera. Era su tía.
- Enseguida voy tía –contestó Jehán solo para él, aun adormilado.
Queriendo y no, se sentó de nuevo en la cama; su espalda y su pecho descubiertos recibieron una ola de aire fresco que hizo que se le enchinara la piel. Ya desperezado miraba su alrededor. Ese era su lugar. Se levantó poniéndose solo una manta alrededor de sus partes íntimas y salió con su tía que se encontraba excavando un hueco en el suelo de su jardín para colocar la planta que Jehán le había regalado.
- Buen día, tía –saludó.
- Buen día Jehán ¿Qué tal te sentó dormir en cama luego de días de estar durmiendo en el suelo?
- De maravilla. Me siento como nuevo. –respondió el sonriendo. ¿Y mi tío y Vicenzo?
- Ah se han ido a pescar con tu tío Samuel. Quizá con un poco de suerte y hoy te daremos la bienvenida con unos cuantos pescados asados. ¿Se te antojan?
- Pero por supuesto tía –contestó Jehán encantado.
- Ándale pues, hijo. Ve a arreglarte para que desayunes y te vayas al mercado, necesito que me compres ciertas cosas para la comida. Además podrás ver a Miria, ha estado preguntando por ti -su tía lo miró de reojo.
Jehán se sonrojó.
- Voy a bañarme. No tardo.
Y se fue a bañar dejando a su tía removiendo la tierra y quitándole unas lombrices.
- Con que ustedes son las causantes de que mis plantas se sequen ¿eh? –les dijo a las lombrices ahora partidas en dos y que se retorcían y brincaban por el suelo resistiéndose a la muerte.


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A kilómetros de distancia de ahí en un ambiente rodeado de jardines, la reina y su madre acababan de terminar el desayuno. Disponían de tiempo antes de enfocarse a las actividades del día por lo que la reina desayunó en el patio oeste.
- Aquí tienes hija –y le extendió la mano a la reina, mostrándole un collar con una preciosa gema azul y una cadena de plata.
- Esto es…
- Lo que le darás a Kryory una vez que regresé. La gema azul incrustada es la fuente de la energía de modo que con eso podré tenerlo controlado. Además esa misma gema funciona como reflector por lo que podremos ver donde se encuentra Mohamed y lo que hace.
- Ha sido demasiado rápido ¿no lo crees, madre? –preguntó la reina sosteniendo la cadena y observándola.
- Las condiciones actuales lo requieren, hija.
- ¿Qué quieres decir?
- Recuerdas que te comenté sobre los participantes en la protección de la tumba; pues bien. He descifrado un fragmento de un libro secreto de uno de ellos y una persona participante se encuentra en la aldea de Zsam-jara. No sé quién es. Pero es un hombre mayor de edad, joven aún. Investigando en el padrón, no sería mucho muy difícil dar con él, la aldea tiene alrededor de dos mil habitantes, en su mayoría mujeres. Los ancianos y los niños varones constituyen el setenta por ciento de la población en hombres por lo que el resto está en el rango.
- Impresionante –dijo la reina levantándose el vestido por demás pesado, facilitando su caminar.
- Hija, tengo entendido que te urge encontrar esa tumba, no tendremos que demorarnos mucho o los planes podrían caerse. No somos las únicas que buscamos esa reliquia.
- ¿Qué? –dijo la reina deteniéndose en seco.
- Lo que oyes, existen más personas que buscan esa tumba así que…
- Elimínalos –dictaminó la reina tajantemente interrumpiendo a su madre.
- No es tan sencillo –dijo Zoltana sin vacilar –así como nosotras, ellos también tienen protecciones. Si hago algún ataque sin conocer qué tipo de magia los protege podría morir.
- Entiendo, entiendo –resopló furiosa la reina. –Por lo que respecta al joven de Zsam-jara, ¿crees que sirva de algo?
- Por supuesto hija –respondió la hechicera radiante de alegría –eso supondría el último escalón en la búsqueda. Con ese joven en nuestras manos, la muerte de tu esposo sería inminente. Reunidos los protectores de la tumba bastará con obligarles a revelar la ubicación exacta del sepulcro y entonces el poder sería nuestro.
La reina miró de soslayo a su madre que no cabía en sí de la emoción por los futuros resultados.
- No te equivoques madre, el poder será solo mío –pensó la reina fingiendo alegría y luego habló –. Entonces cuenta con que Kryory tendrá a su regreso el collar. Te lo haré saber cuándo así sea.
- No espero menos –contestó la madre. –Hija, necesito enviar a Dévone a una nueva misión. Esta vez irá a la ubicación de donde salió el rayo en la búsqueda anterior.
- ¿Crees que sea conveniente enviarla?
- Sí, necesitamos conocer ese lugar y ella es la adecuada para eso.
- Pero si dices que hay agua, ella podría…
- No le pasará nada. –dijo apresuradamente la madre. –Además conviene sacarla de aquí, no es benéfico tenerla en el castillo.
- Envíala entonces –sentenció la reina.
El sol estaba en su punto más alto. La reina entró al castillo por la puerta principal y Zoltana se fue por donde habían caminado para buscar a Dévone que sería enviada a la isla de Nobul.


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Era el mediodía y el calor comenzaba a sentirse. Jehán se encontraba en una calle llena de gente con Miria.
Miria era una joven de la misma edad que Jehán, veintitrés años; era esbelta y su pelo lacio a media espalda totalmente rubio era su principal atractivo. Su piel tersa y suave propia de la edad era clara, por lo que contrastaba perfectamente con lo rubio del cabello. Estaban sentados en una fuente con caballos de piedra de los cuales les salía agua por la boca. Eran tres.
- ¿Así que te vas de nuevo de excursión? –preguntó Miria sorprendida.
- Efectivamente, ya han pasado dos días luego de mi regreso y la verdad me siento algo inquieto.
- ¿Sucede algo? –preguntó de nuevo la joven.
- Nada complicado, creo –respondió Jehán –. Hace días en la anterior excursión vi salir un rayo de la isla de Nobul. La verdad quisiera ir a investigar que pudo haber sido.
- Podría ser peligroso –razonó la chica –mejor quédate aquí o ve a otro lado. No vayas.
- Debo ir Miria, no tengo nada que hacer por ahora. La cosecha de mi tío no la recogeremos hasta dentro de dos semanas que es cuando sea el Festival del Agradecimiento. Quisiera ir ahora que puedo.
- Supongo que sí, pero…
- Pero nada Miria –la interrumpió Jehán –estaré bien, ya verás. Además la isla no está tan lejos. Si sigo el camino del río estaré pronto ahí.
Miria no dijo nada, agachó la cabeza y se miró las manos. En ese rato fue consciente de la cantidad de gente que había en la plazuela. El ruido de las voces la sacó de su ensimismamiento.
- Supongo que no hay manera de retenerte. ¿Ya sabe tu tía que te irás de nuevo?
- Lo comentamos hoy en el desayuno. Al parecer no le hace gracia.
- Y con justa razón –protestó Miria.
- No empieces Miria –previno Jehán –ya sabes que es mi pasatiempo favorito. El lugar es perfecto.
- Ya sé que te gusta. Pero es que te vas solo y a veces no sabemos de ti en días. Quizá pudiera pasarte algo o que se yo y mientras nosotros aquí sin saber nada –dijo en todo preocupado.
- Miria. Nunca me ha pasado nada ni me pasará –y volteó a mirarla a los ojos –. No te preocupes, estaré bien –y le esbozó una sonrisa.
Miria resignada sonrió ante la mirada dulce de Jehán y se puso de pie, de frente a la fuente. Se sentó inesperadamente de nuevo y acarició el agua fresca de la pila. Juntó sus dos manos e hizo con ellas un contenedor y con fuerza le lanzó a Jehán el agua que alcanzó a depositar en sus manos. Éste reaccionó instantáneamente a la frialdad del agua y se irguió soportando la respiración. Miria corrió veloz por entre la gente que la miraba riendo a carcajada suelta mientras se escabullía para no ser mojada por la represalia de Jehán, mientras este la veía alejarse. Sonrió.
Después de todo no tenía duda. Miria no le era indiferente.

- Así que te vas de nuevo.
- Sí tío Aarón. Estaré fuera por lo menos tres o cuatro días.
- ¿Y a dónde vas esta vez?
- Pretendo alcanzar la isla de Nobul.
- Ya le he dicho yo que es demasiado rápido para que se vaya –dijo su tía entrando a la conversación –apenas llegó.
Aarón miró a su mujer y luego a Jehán que se encogió de hombros.
- ¿Por qué quieres ir a la isla de Nobul? –preguntó su tío.
- He pasado miles de veces por ahí y es el único lugar de la zona que me queda por explorar –respondió Jehán ocultando el motivo por el cual quería ir a la isla.
- ¿Tu qué dices, mujer? –le preguntó Aarón.
- Yo digo que no vaya –sentenció su tía determinante.
- ¿Y tu tío, qué opinas? –le preguntó Jehán.
- No vamos a detenerte así te amarráramos. Es mejor que vayas y que te lleves tu sable. No sabemos que pudiera haber ahí.
La tía de Jehán se fue chistando dejándolos solos.
- Gracias tío.
- De nada, y por la mujer no te apures, al rato se le pasa el enojo. ¿Cuándo te vas?
-Quiero irme dentro de un par de horas para a alcanzar a bajar con el atardecer.
- Será mejor que te prepares entonces. Tú alista aquí lo que necesites mientras yo te preparo las monturas y el caballo.
Jehán le dedicó una feliz sonrisa.
- ¡Gracias tío, de verdad gracias!
Su tío le devolvió el gesto y salió para la caballeriza que estaba atrás de la casa.
Jehán preparó entonces sus cosas. Tomó un par de mantas de su armario, buscó un cambio de ropa limpia y lo agregó con las mantas. Del fondo del armario sacó una larga caja de madera, delgada y tallada delicadamente. La abrió con cuidado y miró el interior protegido por un lienzo de terciopelo blanco. Desenvolvió el contenido y ahí lo tenía. Su sable de un metro y veinte de longitud guardado sobre su funda negra hecha de un material resistente al tacto del filo de la hoja de la espada. Casi a tres cuartas partes tenía unas correas también negras con incrustaciones plateadas para colgarse a la espalda. Desenfundó el sable y lo miró. Su filo estaba intacto y la hoja era tan fina que no mostraba ninguna rasgadura. Lo acomodó en su brazo izquierdo y cortó con un tajo transversal el viento de la habitación. Escuchó el sonido que hizo el corte imaginario y sonrió para sí mismo. La excitación le corría por las venas. Guardó el sable de nuevo y desde la cocina escuchó a su tía gritar:
- ¡Jehán! Ya está lista tu comida.


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Las antorchas puestas alrededor del castillo parecían de lejos candelabros. Mohamed Kryory y su equipo estaban ya por los bordes de los terrenos de la fortaleza luego de casi dos días de cabalgata. Los caballos agotados daban muestra de su cansancio al trotar despacio. Los caballeros por su parte también estaban cansados luego de que ese día no descansaron más que para refrescarse en un arroyo casi extinto. Siguieron avanzando por el sendero despejado de árboles en su totalidad cuando Mohamed dio la orden de acelerar el paso. Renovaron su andar y siguieron avanzando hasta que casi una hora después llegaron por la entrada norte al palacio.

- ¿Qué tal el regreso, Kryory?
La voz de la reina sonó pausada y tomó a Mohamed por sorpresa. Este se sobresaltó al oír la pregunta y se detuvo al instante, dejando lo que estaba haciendo. La reina a espaldas del caballero vestía un entallado vestido aterciopelado rojo, con un escote. Un cinto dorado con perlas ceñía su cintura haciendo resaltar la figura por demás esbelta de la reina y su cabello recogido en una alta cola de caballo estaba adornado por una tiara, en lugar de la pesada corona.
Mohamed se volteó despacio y se hincó, nervioso, con la mirada hacia el suelo.
- Mi señora –balbuceó tartamudo.
- Levántate Mohamed –dijo la reina entrando a la habitación del guerrero –y bien ¿Cómo ha sido la ruta ésta vez?
Mohamed que seguía hincado tragó saliva antes de responder.
- Ha sido excelente, majestad. No ha habido novedades.
- Me imaginaba eso –dijo la reina tendiéndole la mano a Mohamed para que se levantara. Este no hizo caso de ello y se levantó.
Él se atrevió a mirarla a los ojos y un sudor frio le recorrió la frente.
La reina cerró la puerta de la habitación sin dejar de mirar al guerrero que tenía solo la armadura de las piernas puesta. Veía los fuertes brazos de aquel hombre arañados por el peso de la armadura mientras el abdomen estaba cubierto por una camiseta delgada. Avanzó la reina despacio acercándose a él. Él estaba petrificado. El corazón acelerado del caballero palpitaba a su límite. La reina siguió mirándolo y se acercó más a él hasta que sentían su respiración chocar uno contra otro. La reina sonrió delicadamente y pasó de largo, sentándose en la cama de Mohamed. Éste seguía de pie, desconcertado.
- Mohamed, tal parece que estás petrificado –le dijo la reina irónicamente.
- No es eso, majestad. Simplemente me desconcierta el hecho de que haya venido hasta mi habitación.
El caballero restableció el habla y el semblante y se puso de frente a la reina que levantó su ceja derecha, coqueteando.
- De manera que no ha habido novedades –dijo la reina afirmando.
- No, majestad. Todo parece estar en orden por el reino.
- Me agradan las buenas noticias. Eso significa que tendrás un tiempo para reponerte de la travesía ¿cierto?
- Así es, si su majestad el rey Rambal no dispone de otra cosa.
La reina hizo un gesto ante el comentario y se puso de pie, rodeando al caballero y poniéndose detrás de él. Mohamed de nuevo sintió frio por su cuerpo y se quedó quieto, mirando el dosel azul de la cama que estaba amarrado por fuertes cordones dorados.
La reina lo abrazó por atrás y con sus manos le acarició el abdomen y el pecho. Mohamed levantó su cara al cielo y cerró los ojos. No era insensible al tacto.
- Majestad.
La reina siseó despacio callándolo. Tocaba con sus manos suaves la espalda ancha y los brazos musculosos del caballero. El estaba inmóvil ante los movimientos de la emperatriz. Lo siguió acariciando y las manos pasaron a los muslos y luego a las piernas. Sintió las correas de la armadura y las desató, cayeron al instante e hicieron un sonido sordo que fue amortiguado por la alfombra circular que rodeaba a la cama. Se incorporó luego de desatar las correas y se puso de frente a él.
La delgada línea que aun mantenía el caballero para no sobrepasarse se rompió cuando la reina tocó delicadamente la virilidad del guerrero.
Y entonces no se resistió.
Tomó con sus brazos fuertes a la delgada mujer y la levantó a la altura de su cara. La respiración agitada de él chocaba en el rostro de la reina y entonces, derrumbando su voluntad, la besó.
Ella correspondió al beso sintiendo el deseo arder en su piel y le rodeó el cuello con sus brazos.
Se acostaron en la cama entre caricias y abrazos y pasado un momento bastó con que Mohamed jalara un lazo y el dosel de la cama cayó, dejándolos a ambos dentro una cámara completamente oscura.

En una habitación en la torre más alta del castillo estaba Zoltana, la claridad de la luna entraba por las tres ventanas de la habitación circular. El aire de la noche movía las nubes a gran velocidad y agitaba los árboles con furia.
- Así que no has perdido tus cualidades, querida hija.
En una fuente de piedra, Zoltana miraba en el agua todo el proceso de su hija. Sonrió discretamente al notar en el contenedor el reflejo de la gema azul que aun la reina traía colgada a su cuello.
Estaba hecho. A partir de esa noche Mohamed Kryory y la Élite de los Caballeros Negros estaban a su mando y, en ese mismo momento, las órdenes para capturar al hombre de Zsam-jara habían sido efectuadas. El acto para encontrar el tesoro mas ansiado por la reina había comenzado.

CAPÍTULO 4


LA ÉLITE DE LOS CABALLEROS NEGROS


Mohamed Kryory estaba sentado en un tronco caído y podrido, miraba el reflejo de los rayos del sol en las aguas mansas del lago Nibanza mientras su equipo se instalaba de lleno en ese lugar para acampar. Mohamed, conocido comúnmente solo por su apellido “Kryory” era el tercer jefe del grupo denominado “La Élite de los Caballeros Negros”.
En plena madurez, a sus treinta y cinco años Mohamed era un guerrero valiente y apuesto, de tez clara, ojos de color azul claro que resaltaban debido a su tono de piel; de gran estatura y fornido. Había logrado el puesto de jefe del grupo al vencer en un torneo de lucha al anterior jefe que presentaba su retiro y como era tradición, los caballeros que formaban parte de las filas de guerreros del reino Rambal competían por entrar al equipo. Se hacían llamar la élite por ser los mejores guerreros y por su excelente capacidad para el manejo de las armas, tanto de espadas y lanzas como de arcos y flechas, sin dejar de lado por supuesto sus habilidades físicas. Kryory era un hombre solitario, razón por la cual a su edad era de los pocos guerreros solteros que existían en el reino. Se le atribuía el hecho de su soledad a que cuando apenas tenía un año de casado, su esposa murió junto con la criatura que estaba por nacer, ambos en el parto. Aun cuando de eso hacia alrededor de ocho años, sentía como si hubiera sido apenas ayer.
El ingreso como jefe del grupo de la élite ocasionó dos acciones notables: la primera era que tenía más ocupaciones, cosa que le sacaba de su ensimismamiento cuando pensaba en su esposa e hijo y la segunda conocer y tratar más de cerca a la reina, la cual le parecía por demás hermosa y atractiva. La convivencia que había cuando él estaba en el castillo hacía que se le debilitaran las piernas cuando cruzaba miradas o palabras con la reina. A sabiendas de la alta estima en que lo tenía el rey, Kryory era infiel a su lealtad como vasallo, pero solo en sus pensamientos.

-Hemos terminado Kryory, pasaremos aquí la tarde y la noche y partiremos al castillo al amanecer –le dijo uno de sus colaboradores. Él se levantó y miró el campamento ya instalado con las tiendas en pie.
- Bien. Si han de comer será mejor que se apuren a pescar, el lago tiene gran cantidad de peces que esperan a ser cocinados. Mañana por la mañana estén listos al alba.
-¿Sucede algo? –le preguntó su compañero.
-Nada que no sepas, ya sabes que la tranquilidad de los espacios abiertos me traen recuerdos sobre Fara.
El soldado no dijo nada más y Kryory se dirigió a su tienda y al llegar a ella se detuvo.
-La noche se acerca –les dijo a sus camaradas –por lo que será mejor apresurar la cena para preparar las guardias.
Fue todo lo que dijo y entró al pabellón mientras el resto de su grupo solo se miraba entre sí mostrando confusión en sus rostros.

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El alba los sorprendió con un viento ligero que hacía silbar el follaje de los árboles y los bañaba con la brisa del lago. Las últimas estrellas del amanecer estaban dando paso a la claridad del sol que salía por entre las montañas lejanas y los soldados ya estaban preparándose para partir. Los once caballeros al mando de Mohamed Kryory vestían completamente de negro. Su uniforme consistía en prendas ligeras tanto el pantalón como la camisa; los muslos y las pantorrillas estaban protegidos por una armadura metálica labrada con grecas y pintada con los colores del reino, rojo y negro. En el pecho y el abdomen vestían también una armadura lo suficientemente gruesa como para soportar impactos de flechas, también con el mismo diseño del resto de las protecciones en las piernas. Los guantes también negros tenían la punta de los dedos libres y se adornaban por un rubí en la parte superior, permitiendo y facilitando la movilidad de los dedos. Su cinto, ancho para soportar el peso de las armas, contenía una o dos espadas, según la habilidad del caballero; por el lado de la pierna izquierda tenia sujeta una carrillera que colgaba al aire con media docena de dagas, del lado derecho tenia exactamente lo mismo pero las dagas eran explosivas. El casco era de metal y tenía solo una protección en la nariz, dejando libre el espacio entre la boca y los ojos para facilitar la ventilación. La capa tres cuartos les llegaba un puño por debajo de los glúteos, era igualmente negra con el emblema del reino “La Flama Eterna” pintada en color rojo y además, llevaban en la espalda un arco y el carcaj con flechas.
Como parte de la indumentaria era necesario estar provisto de todas las armas posibles por lo que cargaban con ellos todos esos accesorios.
Mohamed salió de su pabellón y vio a los soldados ya vestidos y preparándose para salir. El se ajustaba la capa por el frente y se colocaba el carcaj y el arco.
- Los caballos ya están protegidos y ensillados. Como puedes ver, nosotros ya estamos casi listos para salir -. Le dijo el mismo hombre que le habló la noche anterior.
- No hay que demorarnos entonces, tenemos que llegar cuanto antes a la fortaleza y eso nos tomará mínimo dos días. Que desmonten la tienda y en que terminen de recoger todo.
- Entendido señor –dijo el guerrero y se dio media vuelta y se fue a dar instrucciones.
Mohamed miraba el azul oscuro del lago que iba tornándose claro con la claridad del sol y resopló pensativo.
Escasos minutos más tarde el grupo ya estaba listo para salir y cuando dejaron todo asegurado, se fueron del lugar acompañados por el sol que ya había salido completamente.


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El despertar de Jehán fue tranquilo tanto que no se dio cuenta que el sol ya estaba puesto por el cielo. Se desperezó tranquilamente y miró a su alrededor, todavía con sueño. El caballo estaba dormitando bajo un árbol donde pasó la noche resguardándose de la brisa nocturna.
Jehán se levantó de su lugar y se estiró. Recordó al instante el sueño que tuvo. Había sido de cuando su tío Aarón se disponía a enseñarlo a manejar la espada. Sonrió recordando sus inicios y al instante se preparó para salir del bosque, había determinado no detenerse hasta llegar esa tarde a su aldea. Recogió sus cosas y las preparó entre las monturas del caballo, que ya estaba despierto y se había puesto de pie, lo ensilló y ya totalmente despierto, salió del claro donde pasó la noche y reanudó su camino.
El sol aumentaba su calor conforme pasaban las horas. El día era especialmente fresco y agradable por lo que Jehán disfrutó su travesía admirando el paisaje boscoso que rodeaba a su aldea. Pasadas las horas descansó en un arroyo para tomar agua y refrescarse y para que su caballo también lo hiciera. Siguió su marcha caminando pues estaba cansado de montar y cuando quedaba poco para que la noche llegara por fin la divisó. La aldea se encontraba sumida en el silencio, perdida entre las montañas y los árboles. El gran caudal del rio Tamaria brillaba con los rayos del sol y desde esa distancia parecía solo un hilo plateado serpenteando entre los valles. Jehán sonrió ante la felicidad de regresar a su casa y con nuevos ánimos se dispuso a bajar la pendiente, llegó al cruce del puente colgante que conectaba a la montaña sagrada del fuego y siguió de largo. Su casa lo esperaba.


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Rájhman se encontraba preparando una fogata cuando el peregrino envuelto en su capa de viaje negra y acompañado por su caballo blanco inmaculado llegó. Desmontó suavemente y se acercó al mago mientras éste se encontraba de pie, recibiéndolo con media reverencia.
-Mis saludos, mi respeto y mi lealtad para usted mi señor –saludó cordialmente Rájhman.
­-Mis saludos, mi respeto y mi alta estima para ti, Rájhman –dijo el hombre devolviéndole el saludo.
Rájhman se enderezó y miró el rostro del hombre, se veía cansado por la travesía pero la vivacidad de los ojos y la amplia sonrisa le daban una vida como a ninguna otra persona.
- ¿Se siente bien, mi señor? –preguntó Rájhman.
- Perfectamente bien, es solo que el viaje ha sido algo apresurado –respondió el hombre quitándose la capa y quedando solo en una prenda azul cielo, salpicada de destellos plateados.
- Entiendo, es solo que esta vez la necesidad de platicar con usted era algo urgente.
- Lo sé por eso mismo estoy aquí. Dime ¿qué es lo que ocurre?
- La Élite de los Caballeros Negros, mi señor.
- ¿Qué ha sucedido con la Élite? -preguntó el rey preocupado.
- Nada grave mi señor, es solo que ya caminan por los territorios del reino y es posible que la ronda de vigilancia la hayan terminado antes de lo planeado.
- Me imagino que sí –dijo el señor mirando al mago. ¿Tienes algo que decir o que preguntar?
- Para serle sincero, sí. Conozco de antemano la misión que tiene la Élite sobre resguardar la Flama Eterna. Últimamente he presenciado actos poco ordinarios y que sé están relacionados directamente con magia.
- ¿Qué tipo de actos?
- El día de ayer un rayo salió de la isla de Nobul, para ser exacto de las ruinas del antiguo templo de la Flama Eterna.
El viajero arqueó las cejas esperando escuchar más.
- Sabemos de sobra que existen personas las cuales buscan desesperadamente la tumba de su esposa, mi señor. Mi preocupación viene a que ese rayo emitido del templo fue solo el resultado de un mecanismo de protección que la tumba tiene. Evidentemente tanto usted como yo sabemos que hará falta algo más que un rayo para encontrar esa tumba.
- Lo se Rájhman –inquirió el rey sin mostrar mucha preocupación. –por lo tanto no debería alterarte el hecho de lo que sucede con la tumba no darán con ella.
- No deberíamos estar seguros –alegó el mago sentándose a un lado del fuego e indicando al rey que tomara asiento –el recorrido por los ocho reinos de esta tierra me señalan que hay indicios de búsqueda de la tumba.
El rey que se estaba sentando se sobresaltó al oír aquello.
- ¿Qué dices? –le preguntó el rey extrañado.
-Eso mismo, mi señor. Las relaciones diplomáticas entre los reinos no es la misma. Personas con el mismo fin pretenden localizar esa tumba. Si se conocieran entre ellos unirían fuerzas para tratar de lograr la ubicación del sepulcro y de su contenido. Como verá no favorece a nadie. Al menos no a nadie interesado en resguardar el secreto de la tumba.
El rey estaba perplejo. Conocía de sobra a Rájhman y sabia que lo que decía era cierto por tanto debería ser tomado en cuenta.
- Francamente desconozco a quienes estén tras la tumba de mi esposa pero no permitiremos que ésta salga a la luz.
- No mi señor, no lo permitiremos. Por lo cual eso me remite a la Élite de los Caballeros Negros.
- ¿Qué tienen que ver ellos?
- Conocemos de antemano las capacidades del grupo –respondió el mago –pero si se suscitara algo más que una simple búsqueda, como por ejemplo una lucha, la Élite no seria suficiente para defender primero a la Flama Eterna y mucho menos defender al reino. Las meras suposiciones quizá sean exageradas pero deberíamos estar preparados para lo peor.
- Entiendo el punto –dijo el rey pensativo -¿Tan graves son los hechos?
- No graves en su totalidad, al menos no por ahora pero con el pasar de los días, si el destino acerca a personas que no debieran estar juntas los resultados podrían ser desalentadores.
- Seguirás vigilando ¿verdad? –preguntó el rey al mago directamente.
- Por supuesto mi señor, ese es mi trabajo.
- Te lo agradezco Rájhman –le respondió mirándole y con una sonrisa.
- He estado alerta del chico –dijo inesperadamente el mago. –A estas horas ya debería estar en su casa.
- ¿Cómo le ha ido? –preguntó el rey.
- Supongo que bien. Iba camino a su casa muy contento luego que divisó la aldea.
- ¿Reparó en la montaña sagrada?
- No. Pasó de largo y no se detuvo siquiera.
El rey sonrió.
- Tan despistado como siempre.
- No lo creo mi señor, por ahora no tenia nada que hacer ahí. Mi señor -agregó -hemos de prestar suma atención al chico. Sobre él recae el peso de la esperanza.
- Lo tengo por demás sabido Rájhman y es algo que me preocupa.
- Que bueno que lo tiene en consideración señor. No olvide también la constante vigilancia a su actual esposa.
- Lo tengo siempre presente, gracias por preocuparte –dijo el rey levantándose y preparándose la capa anunciando su retiro. –Sigue así, de atento como siempre.
- Así será mi señor. –dijo Rájhman poniéndose de pie.
El rey tomó a su caballo que estaba a escasos metros de distancia y se subió a el, envolviendo con su capa gran parte del cuerpo blanco.
-No olvide quitarle la tiara dorada al caballo, mi señor.
El rey que ya estaba montado miró a Rájhman y le guiñó un ojo. Le dedicó una sonrisa y partió veloz. Devolvió de nuevo la mirada pero solo miró el fuego crepitar, a su lado había miles de destellos plateados que había dejado Rájhman al momento de desaparecer de ese lugar.

CAPITULO 3

INICIOS

El ruido de los grillos se escuchaba tranquilamente en el claro del bosque. Jehán se removió entre sus mantas sobre las que dormía y se tocó su cara. De manera inconsciente, varias lágrimas le habían rodado por el rostro y sentía la nariz constipada a causa del llanto y del aire frio. Se envolvió entre la manta que tenia y miró a su caballo varios metros más adelante que dormía tranquilamente. ¿Qué había sido eso? ¿Un sueño demasiado real o una pesadilla?
Se sentó sobre el suelo en el que estaba durmiendo mientras se secaba las lágrimas y observó a su alrededor, al parecer todo estaba en orden; el fuego ya estaba extinto sobre el círculo de piedras, sus cosas estaban donde las dejó cerca de la montura de su caballo, y éste seguía en el mismo sitio donde lo había dejado.
El cielo aun estaba negro salpicado de estrellas, por lo que faltaban varias horas para el amanecer –Fue solo un sueño– se dijo y se acostó de nuevo. Se durmió al instante mientras a lo lejos un tropel de caballos corría a gran velocidad por el bosque entre los gritos y ruidos de sus jinetes.

El graznido de un cuervo fue el motivo por el que Jehán se despertó. Se desperezó tranquilamente por entre las mantas y se dirigió al pequeño arroyuelo que bajaba por entre medio de unas colinas cercanas al claro donde se encontraba el pequeño campamento. Se arrodilló en unas piedras lisas y comenzó a lavarse la cara. El contacto frío con la piel lo despertó al instante mientras las manos se le entumecían por la frialdad del agua; se lavó los brazos y una vez terminado se dirigió a las alforjas del caballo que estaban junto a la montura a un lado de las frazadas donde había dormido y extrajo un pedazo de tela con el que se secó las manos y el rostro. Encendió un fuego en el círculo de piedras con la leña que había recogido la noche anterior y se dispuso a preparar su desayuno. Comió un trozo de carne asada con un pedazo de pan y en un vaso de metal calentó agua en el fuego con el que hizo un té de hierbas y se lo tomó de a poco. El sol acaba de salir por entre la espesura de los árboles y le dio directo en la cara, Jehán lo recibió contento pues los rayos calentaban el rostro aun helado debido al agua. Pasado un momento mientras se calentaba con el sol, recogió las monturas del caballo y lo preparó para salir.
Avanzó lentamente por entre la espesura del bosque hasta que salió al camino que llevaba directo al lago Nibanza. Caminó tranquilamente por un rato mientras trataba de recordar su sueño. ¿Por qué había tenido ese sueño?
Jehán no pudo de dejar de pensar en esos momentos, que aunque no lo recordaba del todo, veía claramente a su primo Vicenzo atravesado por la flecha en la plaza de su aldea y a toda la población masacrada tirada en el suelo. Siguió caminando hasta que llegó al lago Nibanza que estaba con sus aguas cristalinas y mansas, más allá al centro estaba la isla de Nobul. –Tendré que llegar un día a esa isla– se dijo para sí mismo. Sonrió pensando en la cantidad de sorpresas que esa isla le aguardaba y se fue de lado retomando su camino para regresar a su aldea. Un extraño brillo emergió entonces del centro de la isla haciendo un ruido lo bastante audible para que Jehán volteara y se percatara de lo que ahí sucedía. Se quedó mirando la luz que salía de la isla y se escondió cerca de unos arbustos mientras observaba una parvada de águilas negras que huían veloces del espectro de luz de la isla. –Algo no anda bien aquí, – se dijo mientras veía el haz de luz azul intenso que se perdía entre unas nubes. Siguió observando la luz que parecía anormal y un escalofrío le recorrió la espalda: aquello era magia. Una explosión estalló de entre las nubes donde se perdía la irradiación y recorrió en ondas el ancho cielo, haciendo retumbar la tierra y espantando a los animales que había cerca. El caballo de Jehán comenzó a encabritarse mientras éste trataba de calmarlo desesperado; el agua del lago se había agitado haciendo olas que bañaban la pequeña playa con un estrépito suave al no encontrar piedras donde estrellarse y la furia del viento se desató haciendo silbar el follaje de los árboles. Jehán estaba asustado, nunca había presenciado nada semejante ni mucho menos había tenido contacto con la magia, la cual era solo utilizada por los magos. Se le aceleró el corazón aun más al darse cuenta de que en la isla de Nobul había un mago o varios y mientras se cubría la cara a causa del viento trató de amarrar su caballo al tronco del árbol más cercano.
La luz de la isla cesó y por consiguiente la explosión, así como el retumbar de la tierra; el agitar de las aguas del lago y el ventarrón también lo hicieron.
Jehán esperó tranquilo y expectante mientras parecía que todo volvía a la normalidad. No pasó nada más y luego de minutos soltó el caballo.
- Esto ha sido algo muy extraño – pensó Jehán – de seguro ha de tener que ver con magos y esas cosas tan raras.
Comenzó a caminar jalando su caballo para alejarse del lago Nibanza y retornar ya a su casa. La expedición de esa ocasión había sido buena, excepto por la misteriosa luz en la isla, había recolectado pocos objetos durante la travesía y para su fortuna, el clima era fresco tanto en la mañana como en la noche pese a estar finalizando el invierno. No quiso ir cargando mucho porque la distancia de donde se encontraba y la aldea era de más de dos días de camino. Una piedra ovalada con brillos dorados, arena extra fina con cristales de sal y una planta medicinal era lo único que llevaba. Ésta ultima para la cosecha que tenía su tía en la entrada de su casa. La espesura del bosque era pesada y dificultaba el caminar debido a los árboles y arbustos, aun así los ánimos de Jehán por salir al terreno abierto no habían decaído.
El sol se encontraba en lo alto del cielo cuando Jehán pudo salir al camino que conectaba a la aldea con la fortaleza del rey Rambal. Era un único camino poco transitado debido a la lejanía entre ambos poblados, sin embargo en ese momento se encontró con unos viajeros y luego de los saludos que se brindaron se alejaron hacia su destino. Siguió caminando un poco más lento pues ya era hora de la comida y se internó un poco en el bosque alejándose del sendero. Esa tarde Jehán comía tranquilo, el recuerdo de su pesadilla de la noche anterior al parecer no lo había inquietado y por una parte era mejor así, pues cuando esto sucedía generaba en él preocupaciones de más.
La hora de la comida dio paso a la tarde y ésta a la noche. Jehán se encontró ahora en medio del bosque, sin algún lugar que mostrara signos de agua. Entre las alforjas llevaba agua para él pero no para su caballo, por lo que tomó un poco para refrescarse y en un cuenco le dio al caballo que la aceptó de muy buen agrado. Una vez que tomó el animal, le quitó las monturas y lo soltó para que descansara en el prado, por su parte, él se puso a acomodar sus mantas para dormir y una vez preparadas se acostó.

– Eso tienes que dejarlo en su lugar– le decía una mujer al niño mientras este corría con una cuerda en la mano.
– No, yo quiero jugar con él– protestaba el pequeño entre risas.
– Pero entiende Jehán, tu tío Aarón necesita esa cuerda para jalar al caballo.
– Solo quiero jugar con ella un rato, tía.
– Déjalo, mujer – dijo de pronto una voz fuerte­ –de todos modos no la necesitaré hasta mañana. Déjalo jugar.
–Ya ves tía, solo quiero jugar con ella un momento –reprochaba el niño feliz.
– ¿Y a que vas a jugar Jehán? –le preguntó el hombre de voz potente.
– Jugaré a que soy un caballero que se prepara para la guerra y como necesito jalar el caballo, para eso quiero esta soga.
– Ah ya veo. Los caballeros no se entrenan con sogas, pequeño, eso ya lo sabes.
– Sí tío, lo sé. Pero por ahora no puedo jugar con nada más –respondió el pequeño mirando a su tío un poco triste. Éste, al verlo sonrió.
– Ven, acércate –. El niño se acercó a la cerca de madera recién instalada donde se encontraba su tío colocando el último poste de madera. – ¿Qué es lo que te gustaría ser cuando seas un hombre grande y fuerte?
El niño miraba a su tío dudoso de su respuesta; el adulto por su parte esperaba tranquilo mirando al pequeño sonrojarse.
– Me gustaría ser un guerrero –dijo el niño mirando a su tío inseguro de su respuesta. –Estar al servicio de un gran rey y cuidar de la seguridad de mi gente.
– Eso es algo muy digno, además de peligroso –dijo el tío dejando su trabajo de lado. –Sabes que para eso se necesita aprender a manejar la espada y tener fuerza corporal para el combate. ¿Acaso te gusta pelear?
– No por eso tío, pero quisiera defender a aquellos a quienes quiero.
La tía que escuchaba la conversación miró a Jehán mientras recordaba ciertas épocas de su vida y luego miró a su esposo que le regresó la mirada.
– ¿De verdad eso es lo que quieres? –preguntó su tío poniéndose de pié.
– Si tío –respondió Jehán con determinación. –Eso es lo que quiero.
El tío Aarón se metió a la casa y saco dos bastones de madera. Su mujer miraba a Jehán que aun tenía la cuerda entre las manos y le sonrió mientras preparaba una planta de hortensias para sembrarla.
– Entonces es necesario que te vayas entrenando hasta que estés en condiciones de ir a un lugar especial –le dijo el tío mientras le lanzaba un bastón que Jehán alcanzó en el aire con la mano derecha. –Deja esa cuerda en su lugar y te vienes al patio.
Jehán dejó la cuerda en la caballeriza donde guardaban todas las herramientas y salió al patio frente a la casa, afuera de la cerca recién instalada.
– No seas duro con él –le dijo su esposa a Aarón.
– Sólo lo suficiente –respondió él.
– ¿Preparado Jehán? –le preguntó.
– Preparado tío –le respondió sonriente.


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El ambiente era tranquilo y la noche fresca. Dévone estaba en su habitación preparando su cama para dormir cuando escuchó afuera del pasillo la voz potente de Zoltana. Se acercó de puntillas a la puerta de su habitación y pegó el oído, tratando de escuchar mejor.

– ¡Ha sido inútil!
– Señora –le decía una joven con voz temerosa –debe calmarse.
– ¡Ya sé que debo calmarme! ¿Dónde está la reina?
– Ha subido a la alcoba ya con el rey, señora.
– ¡Dile que baje! –Le ordenó –Es urgente hablar con ella, dile que la espero en la sala circular.
La joven criada se alejó rápidamente de con ella y subió varios pisos para hablarle a la reina. Zoltana se fue un piso más abajo a la sala circular y cuando se perdió del pasillo salió Dévone que la siguió a hurtadillas a una habitación contigua a la sala circular.

– ¿Podrías explicarme madre que cosa es tan urgente para hacerme bajar a esta hora?
– Hija no te molestes, pero he intentado dar con la tumba. Tiene protecciones más complejas de lo que creía –le dijo Zoltana aparentemente molesta
– ¿Qué es lo que has hecho? –preguntó la reina acomodándose la malla que traía en el pelo.
– He intentado utilizar uno de los tres mecanismos que poseo para la protección del sepulcro. El resultado ha sido solo un haz de luz en algún lugar desconocido por mí hasta ahora. He tratado de localizar esa ubicación pero solo obtengo agua como resultado.
– ¿Y eso que significa? –preguntó la reina confundida.
– Significa que bien la tumba puede estar bajo el agua o que está en una isla –respondió determinante Zoltana.
– Eso no es de gran ayuda madre –le dijo la reina sin comprender el significado de eso –Las meras suposiciones no sirven. Necesitamos datos reales.
– Lo sé hija, pero piensa. Eso significa que las posibilidades para buscar la tumba se reducen. Tenemos que enfocarnos a buscar en estos sitios de ahora en adelante, en agua o en islas.
– ¿Qué propones? –preguntó la reina acomodándose la capa de noche pues ya estaba casi preparada para dormir cuando salió de su aposento.
­– Mientras no obtenga más información por ahora solo esperar. Es necesario que sepas que solas no podremos hacer todo el trabajo. Necesitamos ayuda.
­– He estado pensando en ello, madre. ¿Alguno de tus hechizos serviría para poner gente a nuestra disposición?
– Quizá sí, tal y como sucedió con Dévone –respondió la madre pensativa. –Sin embargo no sería de mucha ayuda con el pasar del tiempo y menos si tenemos que realizar búsquedas por agua. Además, si hiciera uso de algún hechizo en gran cantidad de personas no podría mantener por tanto tiempo a todos ellos bajo los efectos, pudieran revelarse y sería peor.
­– Entiendo –respondió la reina seria.
– Hija, he pensado que tal vez es tiempo que uses tus dotes de mujer para esta tarea. Al final de cuentas es algo que tú quieres –dijo la madre temerosa de la reacción de su hija.
– ¿A qué te refieres? –preguntó la hija asombrada de la propuesta.
– A Mohamed Kryory.
– ¿Y él que tiene que ver aquí?
– Mohamed está que se muere de amor por ti, querida hija. Nos supondría de gran ayuda su rango para que nos ayude en nuestra misión. El haría cualquier cosa que le pidas.
– ¿Cómo pudiéramos utilizarlo si a pesar de su condición depende de las órdenes de mi esposo?
– De eso me encargaría yo hija. Puedo utilizar algún objeto encantado sobre él y así controlarlo. Mientras posea ese objeto no desatenderá tus peticiones y una vez bajo control pudiera obtener de su misma fuerza la energía que necesito para manejar a todo su equipo. Al final de cuentas solo son once y con el doce. No supondría mucho esfuerzo si utilizo las técnicas adecuadas.
– ¿Realmente crees que él nos sirva de ayuda? –preguntó la reina dudosa
– Por lo que he estado investigando sí.
– Últimamente pasas mucho tiempo investigando madre. ¿Qué intereses tienes? –preguntó la reina a su madre tratando de sorprenderla.
– Ninguno que no sea el ver a mi hija realizada y feliz –respondió con seguridad Zoltana mirándola fijamente.
– Supongo que haces bien. –le dijo cortante la hija.
– Y respecto a las recientes investigaciones la posesión de objetos sagrados pueden facilitarnos la tarea. Por eso he pensado en Mohamed para que nos ayude.
– ¿Qué objetos pudieran ayudarnos? –preguntó la reina
– Primeramente el que tenemos a nuestro alcance –sentenció Zoltana segura de su respuesta –la Flama Eterna.
– Eso supondría un gran riesgo madre. Si Beckarjam se entera de todo esto pudiera costarnos todo lo que llevamos logrado –le dijo la reina a su madre con miedo.
– No te preocupes hija, tengo previsto todo esto, además la Flama Eterna sería un intercambio.
– ¿Un intercambio? –pregunto la soberana extrañada.
– Por supuesto hija –dijo sonriendo la madre –pondríamos en su lugar una réplica exacta de ese objeto. Si lo hago yo a base de magia, nadie podrá dudar de su autenticidad.
– ¿Y si lo prueban?
– Será capaz de realizar sin esfuerzo aquello que le soliciten puesto que poseerá determinada cantidad de energía para que cumpla su acometido, al menos para que no duden de que es la original.
– Por lo visto tienes todo planeado –dijo la reina mirando inquieta a su madre.
– En la medida de lo posible tenemos que ser previsoras, querida –dijo la madre con una amplia sonrisa.
– Entiendo madre. La próxima semana regresa Mohamed de la supervisión general. En ese entonces haré lo que me pides.
– Perfecto, tendré tiempo de preparar el objeto que le darás y de seguir investigando.
– Si no te importa madre, debo regresar a la alcoba real. Mañana nos veremos para desayunar en el jardín del oeste. Vienes por mí a mi habitación para bajar juntas.
– Sí hija. Subiré por ti temprano.
La reina salió de la sala circular dejando a Zoltana ahí, meditando y repasando los planes que realizarían en menos de una semana. Pese a su excelente manejo de la brujería no se dio cuenta que Dévone escuchaba tras una puerta toda la conversación y cuando la reina salió del recinto, Dévone se regreso a su habitación procurando ni siquiera respirar.
Dévone sabía lo oscuras que podían ser las intenciones de sus señoras pero ignoraba a que grado llegaban cuando se proponían conquistar un objetivo. Desconocía completamente el comportamiento de la reina y su madre y no imaginaba las razones por las cuales hacían lo que hacían.Cuando llegó a su habitación, se sentó en su cama y con la mirada al techo no podía imaginar cual sería el destino de Mohamed Kryory. Le conocía bien y sabia quien era. Se quedó pensativa recordando los momentos que había compartido con él y la pena la invadió. Un vago sentimiento de tristeza le vino a su mente y lloró. Al caer por su mejilla, la única lágrima que Dévone derramó le propició un escozor en la piel. Se paró rápidamente de la cama y se miró en el espejo circular de su tocador, ahí donde la lágrima cayó había dejado en la piel un mancha oscura. Se siguió mirando la extraña quemadura en la cara y pasados los minutos la llaga había desaparecido dejando su cutis intacto.

CAPÍTULO 2
REVELACIONES



La tarde de ese día era especialmente agotadora. Por casi el tiempo de una jornada de trabajo aquellos hombres al mando de esa mujer al borde de la histeria y la locura estaban a punto de rendirse. El sol, la tierra y lo seco del suelo no hacían más que colmar la paciencia de los cuatro trabajadores, sin faltar por supuesto el mal humor de la mujer.
- ¡Descansen! –les gritó con voz potente y sumamente enfada.
Los hombres, sin perder el tiempo dejaron los picos y las palas y se alejaron de ella unos cuantos metros. La mujer repasaba una y otra vez los pergaminos que traía y revisaba el terreno. No había error. Ese era el lugar correcto. Los escasos árboles que había en la zona no eran suficientes para generar sombra por lo que la mujer, con su atuendo negro con piedras plateadas sudaba por todo su cuerpo. Caminó por entre la tierra escarbada y molesta por los resultados obtenidos hasta ese momento se alejó a la sombra de una única palmera. O al menos lo poco que daba de sombra. Del cinto que traía a la cintura sacó un tubo de medio brazo de largo y bebió. Se permitió remojar su boca seca con la bebida que contenía el tubo y como por arte de magia se llenó de energía. Se levantó y con voz enérgica ordenó la reanudación de actividades. Los cuatro hombres no tuvieron más remedio que acatar la orden y una vez que hubieron terminado de refrescarse regresaron a seguir con su trabajo.
- Solo escarbaremos la longitud de una pierna más –dijo la mujer repentinamente.
- ¿Y si no encontramos lo que buscamos? – Preguntó uno de los hombres.
- Ya me encargaré yo de hablar con la reina –respondió resueltamente la mujer.
La pequeña excavación siguió alrededor de dos horas más. El sol ya había bajado casi a la línea del horizonte por lo que se podía ver los no me olvides entre rosas y rojos matizados por el color amarillo de la luz solar. El resultado de aquella obra fue negativo, así como lo habían sido las seis anteriores excavaciones. La mujer no dijo nada luego de que dio la orden de parar. Examinó el terreno excavado y el aledaño al pozo de casi dos metros y medio de profundidad y resopló. Tampoco estaba ahí. Chasqueó los dedos indicando que recogieran las cosas y luego de vaciar la tierra al pozo, recogieron lo poco que habían llevado para trabajar así como sus cosas personales y se dirigieron al campamento que estaba situado bajo la pequeña mancha arbolada de la zona. Uno de los hombres que se encontraba ahí ya tenía todo recogido además de tener los caballos ensillados por lo que no hicieron más que montar y se alejaron a todo galope.
- Así que de nuevo han fallado –dijo Rájhman sosteniendo su sable dorado aun enfundado mientras sonreía silenciosamente y veía al grupo alejarse de la zona.
La primera luna llena del año salía por entre las escasas nubes lejanas que se veían entre las montañas y cuando Rájhman la avistó completamente bastó solo con mencionar unas cuantas palabras para que también él desapareciera dejando en su lugar unos pequeños destellos verdes esmeraldas que brillaban como cristales por la potente luz de la luna.

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- ¡Qué estás diciendo Dévone! Es la séptima vez que fracasan esto es intolerable.
- Lo sé su majestad –respondió Dévone mientras estaba haciendo reverencia a la reina a medio hincar.
- ¡Y me lo dices de esa manera! ¿Crees tú que yo dispongo de todo el tiempo del mundo?
- Yo sé que no, su majestad, pero de alguna u otra manera la información proviene de su madre, no sé por qué fallamos si es de entera confianza –dijo eso último con la intención de reparar el atrevimiento.
- Dévone –dijo la reina entre calmada y amenazante –mi madre es de entera confianza, por ella estamos enviándote a realizar esa misión. Que no se te olvide que gracias a ella vives, procura ser prudente con lo que dices de lo contrario…
- Lo siento mucho majestad, no quiero causar problemas –respondió Dévone con la mirada llena de odio que muy prudentemente dirigió al piso.
- En ese caso retírate, por ahora no podemos hacer nada más. Trataré de darte una nueva misión para la próxima semana, cuando la luna llena esté menguando. ¿Los siguió alguien?
- No su majestad. El perímetro fue asegurado con el talismán por lo que no hubo manera que los aldeanos nos vieran.
- ¿Cerraron la excavación de nuevo? –volvió a preguntar la reina.
- Si su majestad.
- Quédate con el talismán –ordenó la reina –ya sabes cómo utilizarlo en la próxima misión. Retírate.

Dévone, la mujer que dirigía las excavaciones desde hacia más de cuatro lunas se levantó, hizo una inclinación a la reina para despedirse y salió de la sala circular, reteniendo su coraje en los puños fuertemente apretados.
La reina la miró salir aparentemente tranquila, pero sabía de sobra la rabia que le daba a Dévone el recordar el motivo por el cual vivía por lo que usaba ese ligero chantaje para enviarla al lugar que fuera necesario. Era al final de cuentas un súbdito.
Cuando Dévone salió, la reina se levantó de su asiento en el que se encontraba y movió el tapete que se encontraba a sus espaldas y que estaba colgado en la pared. El tapete era grande, de tamaño poco común a lo fabricado por los artesanos y se encontraba puesto en un marco de madera, simulando una puerta, por lo que al moverla de derecha a izquierda dejaba al descubierto un retrato familiar. Contenía a una pareja, ambos reyes finamente vestidos y sentados en el trono principal, al pie de ellos en los escalones que subían al estrado estaba el príncipe que era apenas un niño de cinco años.
- Te has convertido en una pesadilla –dijo la reina mientras miraba al cuadro.
- ¿Sucede algo querida hija? –le dijo una mujer que entraba a la sala.
- No madre –respondió la reina sin dejar de mirar el cuadro –es solo que por séptima ocasión consecutiva la información que nos proporcionas es errónea.
La reina se volteó de frente a su madre dejando el cuadro abierto.
- Quisiera preguntarte, madre ¿por qué si eres tan hábil usando la magia no puedes encontrar la tumba de esa mujer?
La madre miró tranquila a su hija y luego miró al cuadro a sus espaldas. No se inquietó por la pregunta tan espontánea de la reina mucho menos se inmutó al escuchar la incredibilidad de su hija respecto a la magia. Respiró.
- Esa tumba que tanto deseas encontrar está protegida. Eso siempre lo has sabido desde hace más de diez años que fue cuando te casaste con el rey –respondió la madre sin dudar.
- Sí, desde entonces he venido oyendo esa historia que está protegida –resopló la reina enfadada.
- No veo entonces cual es la prisa por encontrarla si ahí no habrá más que polvo.
- De sobra sabes mis intereses madre. No tiene caso que te los diga ahora.
- El deseo de venganza que tienes aún luego de tanto tiempo no cesa –dijo la madre mirando a su hija fijamente –no quiero imaginar que sucedería si el rey supiera de tus actos.
- El rey es alguien que me tiene sin cuidado, madre. No puedo quitarlo de mi camino ahora porque sabes que es indispensable para lograr mis propósitos.
- Eso lo sé de antemano.
- Entonces no hagas preguntas cuando ya conoces la respuesta.
- Cuida tu tono de voz conmigo. Serás muy la reina pero aun eres mi hija y esa corona que portas no te da el derecho de faltarme al respeto. Te lo advierto.
- ¡Estoy harta, madre! ¡Harta de tu falsa información! ¡Harta de la espera! ¡Harta de no saber qué puede pasar mañana si no me apuro con lo que quiero obtener!
- Tendrás que ser paciente como lo has sido hija. Al menos por un tiempo más mientras confirmo lo que sospecho.
- ¿A qué te refieres? –preguntó la reina cambiando la voz.
- Creo haber descubierto algo nuevo respecto a esa tumba –dijo la madre sonriendo.
- ¿Qué es? Dime madre te lo suplico –rogó la reina.
- Existe una persona que conoce la ubicación de esa tumba y…
- ¿Quién es? ¿Dónde está? ¡Dímelo madre! –interrumpió la reina exaltada.
- Son detalles que aun no conozco hija. Tendrá que pasar un tiempo para saber quien es esa persona y donde podemos encontrarla.
- ¿Cómo es que sabes eso?
- Se te olvida que tengo la magia a mi disposición ¿verdad? –rió la madre tranquila. –Hija mía bastará con decirte que las muertes que he provocado no han sido en vano. De entre todos esos accidentes hubo tres muy importantes. De ellos extraje información que poseían en sus libros secretos. La tumba de la antigua reina fue catalogada como secreto del reinado y para ser protegida fue necesaria la participación de cinco personas. Dos de ella fueron compañeras mías en la Academia de Magia, el otro era un funcionario importante de la misma academia, los tres sabían manejar la magia, sin embargo fueron débiles y mi superioridad y conocimientos hicieron posible que saliera victoriosa –la mujer miraba a la nada mientras decía aquellas palabras desconocidas hasta ese entonces por su hija. El placer que le daba el revelar esa información era inmenso, tal y como lo esperaba. La reina por su parte estaba atenta, atónita ante el comportamiento extraño y repentino de su madre, ésta continuó. – Tres personas de las cinco que se necesitaron ya están muertas y yo poseo los mecanismos para encontrar la tumba, al menos los mecanismos que ellos pusieron en la defensa por mantenerla oculta. Otra persona es el rey mismo, tu esposo. De ti depende la manera sobre cómo encontrar el sepulcro y si tanto te interesa tienes que actuar de manera rápida. La última persona que participó en este acto de protección está desaparecida y una vez que sea sometida a nuestro favor la tumba se revelará para todo el mundo. Necesito solamente un tiempo para descifrar un fragmento de los libros secretos y cuando eso suceda, lo que tanto anhelas, hija mía, te será revelado.
La reina no salía del asombro y miedo que le provocaba su madre. Sin embargo estaba convencida que era la verdad pues nunca antes había visto hablar a su madre así respecto a ese tema. Si tanto añoraba encontrar aquel tesoro guardado en la tumba tendría que ser fuerte de carácter para con su esposo y lograr así su cometido.
Lo que la madre de la reina no sabía era que, aunque conociera los elementos de protección que figuraban sobre aquel altar de muerte una de sus tres supuestas víctimas estaba viva.
Por su parte lo que la reina no sabía era que su madre también ansiaba aquel artefacto escondido entre la tumba de la antigua reina y con el recobraría todo lo que una vez le fue arrebatado.


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- De modo que es la sexta vez que fracasan –dijo el más viejo de los hombres.
- Séptima –corrigió el más joven –y si, han fracasado de nuevo.
- Debemos tener cuidado entonces.
- Eso siempre, esa mujer no escatimará en costos por alcanzar su objetivo. Eso incluye vidas.
- Lo sé, Rájhman –resopló el más viejo mirando a la luna. -¿Tienes alguna novedad?
- No por ahora, salvo que la excursión duró más de lo planeado.
- ¿Lo has vigilado de cerca? –volvió a preguntar el hombre.
- Todo el tiempo –respondió Rájhman.
- Sigue así.

La pequeña fogata ardía vivamente mientras despedía chispas que se elevaban al cielo cada vez que Rájhman atizaba las ramas secas ardiendo. Los dos hombres se quedaron en silencio mientras el aire se mecía suavemente y hacia silbar las hojas de los árboles. La noche apuntaba a ser larga y fresca por lo que los hombres se despidieron; el más viejo de ellos, envuelto en una capa de viaje subió a su caballo completamente blanco y se fue del claro donde se encontraba con Rájhman; éste, una vez que su amigo se fue de con él, silbó ligeramente y la fogata se apagó al instante y de nueva cuenta bastó con recitar unas cuantas palabras para que desapareciera en la nada, esta vez dejando polvos brillantes color rojo carmesí que brillaban con los restos de la fogata extinta.

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Lo que aquí leas son textos realizados por mí, espero te gusten.
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27 años de edad Pasante en LAET Signo Zodiacal: Cáncer Actividad física: Gym Residencia: Guadalajara Estado civil. Soltero Pasatiempo: Leer y escribir, música.

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