Mis Fantasías Bajo La Noche

Mis Fantasías Bajo La Noche es un espacio destinado a una parte emocional sobre mi. Es el lugar donde expreso sentires más personales por medio de la escritura y que forman parte de mi personalidad. La escritura y redacción (quizá no la mejor) forman parte del aprendizaje en mi, a través de experiencias y vivencias diarias que han ido moldeando a lo que soy. Disfruta tu estancia en mi blog. Saludos y deja tus comentarios.

CAPITULO 3

INICIOS

El ruido de los grillos se escuchaba tranquilamente en el claro del bosque. Jehán se removió entre sus mantas sobre las que dormía y se tocó su cara. De manera inconsciente, varias lágrimas le habían rodado por el rostro y sentía la nariz constipada a causa del llanto y del aire frio. Se envolvió entre la manta que tenia y miró a su caballo varios metros más adelante que dormía tranquilamente. ¿Qué había sido eso? ¿Un sueño demasiado real o una pesadilla?
Se sentó sobre el suelo en el que estaba durmiendo mientras se secaba las lágrimas y observó a su alrededor, al parecer todo estaba en orden; el fuego ya estaba extinto sobre el círculo de piedras, sus cosas estaban donde las dejó cerca de la montura de su caballo, y éste seguía en el mismo sitio donde lo había dejado.
El cielo aun estaba negro salpicado de estrellas, por lo que faltaban varias horas para el amanecer –Fue solo un sueño– se dijo y se acostó de nuevo. Se durmió al instante mientras a lo lejos un tropel de caballos corría a gran velocidad por el bosque entre los gritos y ruidos de sus jinetes.

El graznido de un cuervo fue el motivo por el que Jehán se despertó. Se desperezó tranquilamente por entre las mantas y se dirigió al pequeño arroyuelo que bajaba por entre medio de unas colinas cercanas al claro donde se encontraba el pequeño campamento. Se arrodilló en unas piedras lisas y comenzó a lavarse la cara. El contacto frío con la piel lo despertó al instante mientras las manos se le entumecían por la frialdad del agua; se lavó los brazos y una vez terminado se dirigió a las alforjas del caballo que estaban junto a la montura a un lado de las frazadas donde había dormido y extrajo un pedazo de tela con el que se secó las manos y el rostro. Encendió un fuego en el círculo de piedras con la leña que había recogido la noche anterior y se dispuso a preparar su desayuno. Comió un trozo de carne asada con un pedazo de pan y en un vaso de metal calentó agua en el fuego con el que hizo un té de hierbas y se lo tomó de a poco. El sol acaba de salir por entre la espesura de los árboles y le dio directo en la cara, Jehán lo recibió contento pues los rayos calentaban el rostro aun helado debido al agua. Pasado un momento mientras se calentaba con el sol, recogió las monturas del caballo y lo preparó para salir.
Avanzó lentamente por entre la espesura del bosque hasta que salió al camino que llevaba directo al lago Nibanza. Caminó tranquilamente por un rato mientras trataba de recordar su sueño. ¿Por qué había tenido ese sueño?
Jehán no pudo de dejar de pensar en esos momentos, que aunque no lo recordaba del todo, veía claramente a su primo Vicenzo atravesado por la flecha en la plaza de su aldea y a toda la población masacrada tirada en el suelo. Siguió caminando hasta que llegó al lago Nibanza que estaba con sus aguas cristalinas y mansas, más allá al centro estaba la isla de Nobul. –Tendré que llegar un día a esa isla– se dijo para sí mismo. Sonrió pensando en la cantidad de sorpresas que esa isla le aguardaba y se fue de lado retomando su camino para regresar a su aldea. Un extraño brillo emergió entonces del centro de la isla haciendo un ruido lo bastante audible para que Jehán volteara y se percatara de lo que ahí sucedía. Se quedó mirando la luz que salía de la isla y se escondió cerca de unos arbustos mientras observaba una parvada de águilas negras que huían veloces del espectro de luz de la isla. –Algo no anda bien aquí, – se dijo mientras veía el haz de luz azul intenso que se perdía entre unas nubes. Siguió observando la luz que parecía anormal y un escalofrío le recorrió la espalda: aquello era magia. Una explosión estalló de entre las nubes donde se perdía la irradiación y recorrió en ondas el ancho cielo, haciendo retumbar la tierra y espantando a los animales que había cerca. El caballo de Jehán comenzó a encabritarse mientras éste trataba de calmarlo desesperado; el agua del lago se había agitado haciendo olas que bañaban la pequeña playa con un estrépito suave al no encontrar piedras donde estrellarse y la furia del viento se desató haciendo silbar el follaje de los árboles. Jehán estaba asustado, nunca había presenciado nada semejante ni mucho menos había tenido contacto con la magia, la cual era solo utilizada por los magos. Se le aceleró el corazón aun más al darse cuenta de que en la isla de Nobul había un mago o varios y mientras se cubría la cara a causa del viento trató de amarrar su caballo al tronco del árbol más cercano.
La luz de la isla cesó y por consiguiente la explosión, así como el retumbar de la tierra; el agitar de las aguas del lago y el ventarrón también lo hicieron.
Jehán esperó tranquilo y expectante mientras parecía que todo volvía a la normalidad. No pasó nada más y luego de minutos soltó el caballo.
- Esto ha sido algo muy extraño – pensó Jehán – de seguro ha de tener que ver con magos y esas cosas tan raras.
Comenzó a caminar jalando su caballo para alejarse del lago Nibanza y retornar ya a su casa. La expedición de esa ocasión había sido buena, excepto por la misteriosa luz en la isla, había recolectado pocos objetos durante la travesía y para su fortuna, el clima era fresco tanto en la mañana como en la noche pese a estar finalizando el invierno. No quiso ir cargando mucho porque la distancia de donde se encontraba y la aldea era de más de dos días de camino. Una piedra ovalada con brillos dorados, arena extra fina con cristales de sal y una planta medicinal era lo único que llevaba. Ésta ultima para la cosecha que tenía su tía en la entrada de su casa. La espesura del bosque era pesada y dificultaba el caminar debido a los árboles y arbustos, aun así los ánimos de Jehán por salir al terreno abierto no habían decaído.
El sol se encontraba en lo alto del cielo cuando Jehán pudo salir al camino que conectaba a la aldea con la fortaleza del rey Rambal. Era un único camino poco transitado debido a la lejanía entre ambos poblados, sin embargo en ese momento se encontró con unos viajeros y luego de los saludos que se brindaron se alejaron hacia su destino. Siguió caminando un poco más lento pues ya era hora de la comida y se internó un poco en el bosque alejándose del sendero. Esa tarde Jehán comía tranquilo, el recuerdo de su pesadilla de la noche anterior al parecer no lo había inquietado y por una parte era mejor así, pues cuando esto sucedía generaba en él preocupaciones de más.
La hora de la comida dio paso a la tarde y ésta a la noche. Jehán se encontró ahora en medio del bosque, sin algún lugar que mostrara signos de agua. Entre las alforjas llevaba agua para él pero no para su caballo, por lo que tomó un poco para refrescarse y en un cuenco le dio al caballo que la aceptó de muy buen agrado. Una vez que tomó el animal, le quitó las monturas y lo soltó para que descansara en el prado, por su parte, él se puso a acomodar sus mantas para dormir y una vez preparadas se acostó.

– Eso tienes que dejarlo en su lugar– le decía una mujer al niño mientras este corría con una cuerda en la mano.
– No, yo quiero jugar con él– protestaba el pequeño entre risas.
– Pero entiende Jehán, tu tío Aarón necesita esa cuerda para jalar al caballo.
– Solo quiero jugar con ella un rato, tía.
– Déjalo, mujer – dijo de pronto una voz fuerte­ –de todos modos no la necesitaré hasta mañana. Déjalo jugar.
–Ya ves tía, solo quiero jugar con ella un momento –reprochaba el niño feliz.
– ¿Y a que vas a jugar Jehán? –le preguntó el hombre de voz potente.
– Jugaré a que soy un caballero que se prepara para la guerra y como necesito jalar el caballo, para eso quiero esta soga.
– Ah ya veo. Los caballeros no se entrenan con sogas, pequeño, eso ya lo sabes.
– Sí tío, lo sé. Pero por ahora no puedo jugar con nada más –respondió el pequeño mirando a su tío un poco triste. Éste, al verlo sonrió.
– Ven, acércate –. El niño se acercó a la cerca de madera recién instalada donde se encontraba su tío colocando el último poste de madera. – ¿Qué es lo que te gustaría ser cuando seas un hombre grande y fuerte?
El niño miraba a su tío dudoso de su respuesta; el adulto por su parte esperaba tranquilo mirando al pequeño sonrojarse.
– Me gustaría ser un guerrero –dijo el niño mirando a su tío inseguro de su respuesta. –Estar al servicio de un gran rey y cuidar de la seguridad de mi gente.
– Eso es algo muy digno, además de peligroso –dijo el tío dejando su trabajo de lado. –Sabes que para eso se necesita aprender a manejar la espada y tener fuerza corporal para el combate. ¿Acaso te gusta pelear?
– No por eso tío, pero quisiera defender a aquellos a quienes quiero.
La tía que escuchaba la conversación miró a Jehán mientras recordaba ciertas épocas de su vida y luego miró a su esposo que le regresó la mirada.
– ¿De verdad eso es lo que quieres? –preguntó su tío poniéndose de pié.
– Si tío –respondió Jehán con determinación. –Eso es lo que quiero.
El tío Aarón se metió a la casa y saco dos bastones de madera. Su mujer miraba a Jehán que aun tenía la cuerda entre las manos y le sonrió mientras preparaba una planta de hortensias para sembrarla.
– Entonces es necesario que te vayas entrenando hasta que estés en condiciones de ir a un lugar especial –le dijo el tío mientras le lanzaba un bastón que Jehán alcanzó en el aire con la mano derecha. –Deja esa cuerda en su lugar y te vienes al patio.
Jehán dejó la cuerda en la caballeriza donde guardaban todas las herramientas y salió al patio frente a la casa, afuera de la cerca recién instalada.
– No seas duro con él –le dijo su esposa a Aarón.
– Sólo lo suficiente –respondió él.
– ¿Preparado Jehán? –le preguntó.
– Preparado tío –le respondió sonriente.


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El ambiente era tranquilo y la noche fresca. Dévone estaba en su habitación preparando su cama para dormir cuando escuchó afuera del pasillo la voz potente de Zoltana. Se acercó de puntillas a la puerta de su habitación y pegó el oído, tratando de escuchar mejor.

– ¡Ha sido inútil!
– Señora –le decía una joven con voz temerosa –debe calmarse.
– ¡Ya sé que debo calmarme! ¿Dónde está la reina?
– Ha subido a la alcoba ya con el rey, señora.
– ¡Dile que baje! –Le ordenó –Es urgente hablar con ella, dile que la espero en la sala circular.
La joven criada se alejó rápidamente de con ella y subió varios pisos para hablarle a la reina. Zoltana se fue un piso más abajo a la sala circular y cuando se perdió del pasillo salió Dévone que la siguió a hurtadillas a una habitación contigua a la sala circular.

– ¿Podrías explicarme madre que cosa es tan urgente para hacerme bajar a esta hora?
– Hija no te molestes, pero he intentado dar con la tumba. Tiene protecciones más complejas de lo que creía –le dijo Zoltana aparentemente molesta
– ¿Qué es lo que has hecho? –preguntó la reina acomodándose la malla que traía en el pelo.
– He intentado utilizar uno de los tres mecanismos que poseo para la protección del sepulcro. El resultado ha sido solo un haz de luz en algún lugar desconocido por mí hasta ahora. He tratado de localizar esa ubicación pero solo obtengo agua como resultado.
– ¿Y eso que significa? –preguntó la reina confundida.
– Significa que bien la tumba puede estar bajo el agua o que está en una isla –respondió determinante Zoltana.
– Eso no es de gran ayuda madre –le dijo la reina sin comprender el significado de eso –Las meras suposiciones no sirven. Necesitamos datos reales.
– Lo sé hija, pero piensa. Eso significa que las posibilidades para buscar la tumba se reducen. Tenemos que enfocarnos a buscar en estos sitios de ahora en adelante, en agua o en islas.
– ¿Qué propones? –preguntó la reina acomodándose la capa de noche pues ya estaba casi preparada para dormir cuando salió de su aposento.
­– Mientras no obtenga más información por ahora solo esperar. Es necesario que sepas que solas no podremos hacer todo el trabajo. Necesitamos ayuda.
­– He estado pensando en ello, madre. ¿Alguno de tus hechizos serviría para poner gente a nuestra disposición?
– Quizá sí, tal y como sucedió con Dévone –respondió la madre pensativa. –Sin embargo no sería de mucha ayuda con el pasar del tiempo y menos si tenemos que realizar búsquedas por agua. Además, si hiciera uso de algún hechizo en gran cantidad de personas no podría mantener por tanto tiempo a todos ellos bajo los efectos, pudieran revelarse y sería peor.
­– Entiendo –respondió la reina seria.
– Hija, he pensado que tal vez es tiempo que uses tus dotes de mujer para esta tarea. Al final de cuentas es algo que tú quieres –dijo la madre temerosa de la reacción de su hija.
– ¿A qué te refieres? –preguntó la hija asombrada de la propuesta.
– A Mohamed Kryory.
– ¿Y él que tiene que ver aquí?
– Mohamed está que se muere de amor por ti, querida hija. Nos supondría de gran ayuda su rango para que nos ayude en nuestra misión. El haría cualquier cosa que le pidas.
– ¿Cómo pudiéramos utilizarlo si a pesar de su condición depende de las órdenes de mi esposo?
– De eso me encargaría yo hija. Puedo utilizar algún objeto encantado sobre él y así controlarlo. Mientras posea ese objeto no desatenderá tus peticiones y una vez bajo control pudiera obtener de su misma fuerza la energía que necesito para manejar a todo su equipo. Al final de cuentas solo son once y con el doce. No supondría mucho esfuerzo si utilizo las técnicas adecuadas.
– ¿Realmente crees que él nos sirva de ayuda? –preguntó la reina dudosa
– Por lo que he estado investigando sí.
– Últimamente pasas mucho tiempo investigando madre. ¿Qué intereses tienes? –preguntó la reina a su madre tratando de sorprenderla.
– Ninguno que no sea el ver a mi hija realizada y feliz –respondió con seguridad Zoltana mirándola fijamente.
– Supongo que haces bien. –le dijo cortante la hija.
– Y respecto a las recientes investigaciones la posesión de objetos sagrados pueden facilitarnos la tarea. Por eso he pensado en Mohamed para que nos ayude.
– ¿Qué objetos pudieran ayudarnos? –preguntó la reina
– Primeramente el que tenemos a nuestro alcance –sentenció Zoltana segura de su respuesta –la Flama Eterna.
– Eso supondría un gran riesgo madre. Si Beckarjam se entera de todo esto pudiera costarnos todo lo que llevamos logrado –le dijo la reina a su madre con miedo.
– No te preocupes hija, tengo previsto todo esto, además la Flama Eterna sería un intercambio.
– ¿Un intercambio? –pregunto la soberana extrañada.
– Por supuesto hija –dijo sonriendo la madre –pondríamos en su lugar una réplica exacta de ese objeto. Si lo hago yo a base de magia, nadie podrá dudar de su autenticidad.
– ¿Y si lo prueban?
– Será capaz de realizar sin esfuerzo aquello que le soliciten puesto que poseerá determinada cantidad de energía para que cumpla su acometido, al menos para que no duden de que es la original.
– Por lo visto tienes todo planeado –dijo la reina mirando inquieta a su madre.
– En la medida de lo posible tenemos que ser previsoras, querida –dijo la madre con una amplia sonrisa.
– Entiendo madre. La próxima semana regresa Mohamed de la supervisión general. En ese entonces haré lo que me pides.
– Perfecto, tendré tiempo de preparar el objeto que le darás y de seguir investigando.
– Si no te importa madre, debo regresar a la alcoba real. Mañana nos veremos para desayunar en el jardín del oeste. Vienes por mí a mi habitación para bajar juntas.
– Sí hija. Subiré por ti temprano.
La reina salió de la sala circular dejando a Zoltana ahí, meditando y repasando los planes que realizarían en menos de una semana. Pese a su excelente manejo de la brujería no se dio cuenta que Dévone escuchaba tras una puerta toda la conversación y cuando la reina salió del recinto, Dévone se regreso a su habitación procurando ni siquiera respirar.
Dévone sabía lo oscuras que podían ser las intenciones de sus señoras pero ignoraba a que grado llegaban cuando se proponían conquistar un objetivo. Desconocía completamente el comportamiento de la reina y su madre y no imaginaba las razones por las cuales hacían lo que hacían.Cuando llegó a su habitación, se sentó en su cama y con la mirada al techo no podía imaginar cual sería el destino de Mohamed Kryory. Le conocía bien y sabia quien era. Se quedó pensativa recordando los momentos que había compartido con él y la pena la invadió. Un vago sentimiento de tristeza le vino a su mente y lloró. Al caer por su mejilla, la única lágrima que Dévone derramó le propició un escozor en la piel. Se paró rápidamente de la cama y se miró en el espejo circular de su tocador, ahí donde la lágrima cayó había dejado en la piel un mancha oscura. Se siguió mirando la extraña quemadura en la cara y pasados los minutos la llaga había desaparecido dejando su cutis intacto.

2 comentarios:

me ha gustado como los anteriores, aunque me falto un poco de emocion como en el segundo, y como ya sabes algunas confuciones jijiji.

Ñaca, ñaca, ñaca... las intrigas y secretos siguen a todo lo q dan vdd.. si si si.. me gusta se pone mas intensa la trama...

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