Mis Fantasías Bajo La Noche

Mis Fantasías Bajo La Noche es un espacio destinado a una parte emocional sobre mi. Es el lugar donde expreso sentires más personales por medio de la escritura y que forman parte de mi personalidad. La escritura y redacción (quizá no la mejor) forman parte del aprendizaje en mi, a través de experiencias y vivencias diarias que han ido moldeando a lo que soy. Disfruta tu estancia en mi blog. Saludos y deja tus comentarios.

5. EL COMIENZO
El cantar de un gallo fue el motivo para que Jehán despertara. Se encontraba en su cama con un par de mantas puestas sobre él. Se sentó en la cama, despistado y mirando para todos lados. Vio la cama de su primo Vicenzo que ya estaba vacía y tendida. Al parecer ya se había levantado. Se volvió a acostar y se envolvió en sus mantas.
- ¡Jehán! Levántate -. Resonó un grito desde afuera. Era su tía.
- Enseguida voy tía –contestó Jehán solo para él, aun adormilado.
Queriendo y no, se sentó de nuevo en la cama; su espalda y su pecho descubiertos recibieron una ola de aire fresco que hizo que se le enchinara la piel. Ya desperezado miraba su alrededor. Ese era su lugar. Se levantó poniéndose solo una manta alrededor de sus partes íntimas y salió con su tía que se encontraba excavando un hueco en el suelo de su jardín para colocar la planta que Jehán le había regalado.
- Buen día, tía –saludó.
- Buen día Jehán ¿Qué tal te sentó dormir en cama luego de días de estar durmiendo en el suelo?
- De maravilla. Me siento como nuevo. –respondió el sonriendo. ¿Y mi tío y Vicenzo?
- Ah se han ido a pescar con tu tío Samuel. Quizá con un poco de suerte y hoy te daremos la bienvenida con unos cuantos pescados asados. ¿Se te antojan?
- Pero por supuesto tía –contestó Jehán encantado.
- Ándale pues, hijo. Ve a arreglarte para que desayunes y te vayas al mercado, necesito que me compres ciertas cosas para la comida. Además podrás ver a Miria, ha estado preguntando por ti -su tía lo miró de reojo.
Jehán se sonrojó.
- Voy a bañarme. No tardo.
Y se fue a bañar dejando a su tía removiendo la tierra y quitándole unas lombrices.
- Con que ustedes son las causantes de que mis plantas se sequen ¿eh? –les dijo a las lombrices ahora partidas en dos y que se retorcían y brincaban por el suelo resistiéndose a la muerte.


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A kilómetros de distancia de ahí en un ambiente rodeado de jardines, la reina y su madre acababan de terminar el desayuno. Disponían de tiempo antes de enfocarse a las actividades del día por lo que la reina desayunó en el patio oeste.
- Aquí tienes hija –y le extendió la mano a la reina, mostrándole un collar con una preciosa gema azul y una cadena de plata.
- Esto es…
- Lo que le darás a Kryory una vez que regresé. La gema azul incrustada es la fuente de la energía de modo que con eso podré tenerlo controlado. Además esa misma gema funciona como reflector por lo que podremos ver donde se encuentra Mohamed y lo que hace.
- Ha sido demasiado rápido ¿no lo crees, madre? –preguntó la reina sosteniendo la cadena y observándola.
- Las condiciones actuales lo requieren, hija.
- ¿Qué quieres decir?
- Recuerdas que te comenté sobre los participantes en la protección de la tumba; pues bien. He descifrado un fragmento de un libro secreto de uno de ellos y una persona participante se encuentra en la aldea de Zsam-jara. No sé quién es. Pero es un hombre mayor de edad, joven aún. Investigando en el padrón, no sería mucho muy difícil dar con él, la aldea tiene alrededor de dos mil habitantes, en su mayoría mujeres. Los ancianos y los niños varones constituyen el setenta por ciento de la población en hombres por lo que el resto está en el rango.
- Impresionante –dijo la reina levantándose el vestido por demás pesado, facilitando su caminar.
- Hija, tengo entendido que te urge encontrar esa tumba, no tendremos que demorarnos mucho o los planes podrían caerse. No somos las únicas que buscamos esa reliquia.
- ¿Qué? –dijo la reina deteniéndose en seco.
- Lo que oyes, existen más personas que buscan esa tumba así que…
- Elimínalos –dictaminó la reina tajantemente interrumpiendo a su madre.
- No es tan sencillo –dijo Zoltana sin vacilar –así como nosotras, ellos también tienen protecciones. Si hago algún ataque sin conocer qué tipo de magia los protege podría morir.
- Entiendo, entiendo –resopló furiosa la reina. –Por lo que respecta al joven de Zsam-jara, ¿crees que sirva de algo?
- Por supuesto hija –respondió la hechicera radiante de alegría –eso supondría el último escalón en la búsqueda. Con ese joven en nuestras manos, la muerte de tu esposo sería inminente. Reunidos los protectores de la tumba bastará con obligarles a revelar la ubicación exacta del sepulcro y entonces el poder sería nuestro.
La reina miró de soslayo a su madre que no cabía en sí de la emoción por los futuros resultados.
- No te equivoques madre, el poder será solo mío –pensó la reina fingiendo alegría y luego habló –. Entonces cuenta con que Kryory tendrá a su regreso el collar. Te lo haré saber cuándo así sea.
- No espero menos –contestó la madre. –Hija, necesito enviar a Dévone a una nueva misión. Esta vez irá a la ubicación de donde salió el rayo en la búsqueda anterior.
- ¿Crees que sea conveniente enviarla?
- Sí, necesitamos conocer ese lugar y ella es la adecuada para eso.
- Pero si dices que hay agua, ella podría…
- No le pasará nada. –dijo apresuradamente la madre. –Además conviene sacarla de aquí, no es benéfico tenerla en el castillo.
- Envíala entonces –sentenció la reina.
El sol estaba en su punto más alto. La reina entró al castillo por la puerta principal y Zoltana se fue por donde habían caminado para buscar a Dévone que sería enviada a la isla de Nobul.


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Era el mediodía y el calor comenzaba a sentirse. Jehán se encontraba en una calle llena de gente con Miria.
Miria era una joven de la misma edad que Jehán, veintitrés años; era esbelta y su pelo lacio a media espalda totalmente rubio era su principal atractivo. Su piel tersa y suave propia de la edad era clara, por lo que contrastaba perfectamente con lo rubio del cabello. Estaban sentados en una fuente con caballos de piedra de los cuales les salía agua por la boca. Eran tres.
- ¿Así que te vas de nuevo de excursión? –preguntó Miria sorprendida.
- Efectivamente, ya han pasado dos días luego de mi regreso y la verdad me siento algo inquieto.
- ¿Sucede algo? –preguntó de nuevo la joven.
- Nada complicado, creo –respondió Jehán –. Hace días en la anterior excursión vi salir un rayo de la isla de Nobul. La verdad quisiera ir a investigar que pudo haber sido.
- Podría ser peligroso –razonó la chica –mejor quédate aquí o ve a otro lado. No vayas.
- Debo ir Miria, no tengo nada que hacer por ahora. La cosecha de mi tío no la recogeremos hasta dentro de dos semanas que es cuando sea el Festival del Agradecimiento. Quisiera ir ahora que puedo.
- Supongo que sí, pero…
- Pero nada Miria –la interrumpió Jehán –estaré bien, ya verás. Además la isla no está tan lejos. Si sigo el camino del río estaré pronto ahí.
Miria no dijo nada, agachó la cabeza y se miró las manos. En ese rato fue consciente de la cantidad de gente que había en la plazuela. El ruido de las voces la sacó de su ensimismamiento.
- Supongo que no hay manera de retenerte. ¿Ya sabe tu tía que te irás de nuevo?
- Lo comentamos hoy en el desayuno. Al parecer no le hace gracia.
- Y con justa razón –protestó Miria.
- No empieces Miria –previno Jehán –ya sabes que es mi pasatiempo favorito. El lugar es perfecto.
- Ya sé que te gusta. Pero es que te vas solo y a veces no sabemos de ti en días. Quizá pudiera pasarte algo o que se yo y mientras nosotros aquí sin saber nada –dijo en todo preocupado.
- Miria. Nunca me ha pasado nada ni me pasará –y volteó a mirarla a los ojos –. No te preocupes, estaré bien –y le esbozó una sonrisa.
Miria resignada sonrió ante la mirada dulce de Jehán y se puso de pie, de frente a la fuente. Se sentó inesperadamente de nuevo y acarició el agua fresca de la pila. Juntó sus dos manos e hizo con ellas un contenedor y con fuerza le lanzó a Jehán el agua que alcanzó a depositar en sus manos. Éste reaccionó instantáneamente a la frialdad del agua y se irguió soportando la respiración. Miria corrió veloz por entre la gente que la miraba riendo a carcajada suelta mientras se escabullía para no ser mojada por la represalia de Jehán, mientras este la veía alejarse. Sonrió.
Después de todo no tenía duda. Miria no le era indiferente.

- Así que te vas de nuevo.
- Sí tío Aarón. Estaré fuera por lo menos tres o cuatro días.
- ¿Y a dónde vas esta vez?
- Pretendo alcanzar la isla de Nobul.
- Ya le he dicho yo que es demasiado rápido para que se vaya –dijo su tía entrando a la conversación –apenas llegó.
Aarón miró a su mujer y luego a Jehán que se encogió de hombros.
- ¿Por qué quieres ir a la isla de Nobul? –preguntó su tío.
- He pasado miles de veces por ahí y es el único lugar de la zona que me queda por explorar –respondió Jehán ocultando el motivo por el cual quería ir a la isla.
- ¿Tu qué dices, mujer? –le preguntó Aarón.
- Yo digo que no vaya –sentenció su tía determinante.
- ¿Y tu tío, qué opinas? –le preguntó Jehán.
- No vamos a detenerte así te amarráramos. Es mejor que vayas y que te lleves tu sable. No sabemos que pudiera haber ahí.
La tía de Jehán se fue chistando dejándolos solos.
- Gracias tío.
- De nada, y por la mujer no te apures, al rato se le pasa el enojo. ¿Cuándo te vas?
-Quiero irme dentro de un par de horas para a alcanzar a bajar con el atardecer.
- Será mejor que te prepares entonces. Tú alista aquí lo que necesites mientras yo te preparo las monturas y el caballo.
Jehán le dedicó una feliz sonrisa.
- ¡Gracias tío, de verdad gracias!
Su tío le devolvió el gesto y salió para la caballeriza que estaba atrás de la casa.
Jehán preparó entonces sus cosas. Tomó un par de mantas de su armario, buscó un cambio de ropa limpia y lo agregó con las mantas. Del fondo del armario sacó una larga caja de madera, delgada y tallada delicadamente. La abrió con cuidado y miró el interior protegido por un lienzo de terciopelo blanco. Desenvolvió el contenido y ahí lo tenía. Su sable de un metro y veinte de longitud guardado sobre su funda negra hecha de un material resistente al tacto del filo de la hoja de la espada. Casi a tres cuartas partes tenía unas correas también negras con incrustaciones plateadas para colgarse a la espalda. Desenfundó el sable y lo miró. Su filo estaba intacto y la hoja era tan fina que no mostraba ninguna rasgadura. Lo acomodó en su brazo izquierdo y cortó con un tajo transversal el viento de la habitación. Escuchó el sonido que hizo el corte imaginario y sonrió para sí mismo. La excitación le corría por las venas. Guardó el sable de nuevo y desde la cocina escuchó a su tía gritar:
- ¡Jehán! Ya está lista tu comida.


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Las antorchas puestas alrededor del castillo parecían de lejos candelabros. Mohamed Kryory y su equipo estaban ya por los bordes de los terrenos de la fortaleza luego de casi dos días de cabalgata. Los caballos agotados daban muestra de su cansancio al trotar despacio. Los caballeros por su parte también estaban cansados luego de que ese día no descansaron más que para refrescarse en un arroyo casi extinto. Siguieron avanzando por el sendero despejado de árboles en su totalidad cuando Mohamed dio la orden de acelerar el paso. Renovaron su andar y siguieron avanzando hasta que casi una hora después llegaron por la entrada norte al palacio.

- ¿Qué tal el regreso, Kryory?
La voz de la reina sonó pausada y tomó a Mohamed por sorpresa. Este se sobresaltó al oír la pregunta y se detuvo al instante, dejando lo que estaba haciendo. La reina a espaldas del caballero vestía un entallado vestido aterciopelado rojo, con un escote. Un cinto dorado con perlas ceñía su cintura haciendo resaltar la figura por demás esbelta de la reina y su cabello recogido en una alta cola de caballo estaba adornado por una tiara, en lugar de la pesada corona.
Mohamed se volteó despacio y se hincó, nervioso, con la mirada hacia el suelo.
- Mi señora –balbuceó tartamudo.
- Levántate Mohamed –dijo la reina entrando a la habitación del guerrero –y bien ¿Cómo ha sido la ruta ésta vez?
Mohamed que seguía hincado tragó saliva antes de responder.
- Ha sido excelente, majestad. No ha habido novedades.
- Me imaginaba eso –dijo la reina tendiéndole la mano a Mohamed para que se levantara. Este no hizo caso de ello y se levantó.
Él se atrevió a mirarla a los ojos y un sudor frio le recorrió la frente.
La reina cerró la puerta de la habitación sin dejar de mirar al guerrero que tenía solo la armadura de las piernas puesta. Veía los fuertes brazos de aquel hombre arañados por el peso de la armadura mientras el abdomen estaba cubierto por una camiseta delgada. Avanzó la reina despacio acercándose a él. Él estaba petrificado. El corazón acelerado del caballero palpitaba a su límite. La reina siguió mirándolo y se acercó más a él hasta que sentían su respiración chocar uno contra otro. La reina sonrió delicadamente y pasó de largo, sentándose en la cama de Mohamed. Éste seguía de pie, desconcertado.
- Mohamed, tal parece que estás petrificado –le dijo la reina irónicamente.
- No es eso, majestad. Simplemente me desconcierta el hecho de que haya venido hasta mi habitación.
El caballero restableció el habla y el semblante y se puso de frente a la reina que levantó su ceja derecha, coqueteando.
- De manera que no ha habido novedades –dijo la reina afirmando.
- No, majestad. Todo parece estar en orden por el reino.
- Me agradan las buenas noticias. Eso significa que tendrás un tiempo para reponerte de la travesía ¿cierto?
- Así es, si su majestad el rey Rambal no dispone de otra cosa.
La reina hizo un gesto ante el comentario y se puso de pie, rodeando al caballero y poniéndose detrás de él. Mohamed de nuevo sintió frio por su cuerpo y se quedó quieto, mirando el dosel azul de la cama que estaba amarrado por fuertes cordones dorados.
La reina lo abrazó por atrás y con sus manos le acarició el abdomen y el pecho. Mohamed levantó su cara al cielo y cerró los ojos. No era insensible al tacto.
- Majestad.
La reina siseó despacio callándolo. Tocaba con sus manos suaves la espalda ancha y los brazos musculosos del caballero. El estaba inmóvil ante los movimientos de la emperatriz. Lo siguió acariciando y las manos pasaron a los muslos y luego a las piernas. Sintió las correas de la armadura y las desató, cayeron al instante e hicieron un sonido sordo que fue amortiguado por la alfombra circular que rodeaba a la cama. Se incorporó luego de desatar las correas y se puso de frente a él.
La delgada línea que aun mantenía el caballero para no sobrepasarse se rompió cuando la reina tocó delicadamente la virilidad del guerrero.
Y entonces no se resistió.
Tomó con sus brazos fuertes a la delgada mujer y la levantó a la altura de su cara. La respiración agitada de él chocaba en el rostro de la reina y entonces, derrumbando su voluntad, la besó.
Ella correspondió al beso sintiendo el deseo arder en su piel y le rodeó el cuello con sus brazos.
Se acostaron en la cama entre caricias y abrazos y pasado un momento bastó con que Mohamed jalara un lazo y el dosel de la cama cayó, dejándolos a ambos dentro una cámara completamente oscura.

En una habitación en la torre más alta del castillo estaba Zoltana, la claridad de la luna entraba por las tres ventanas de la habitación circular. El aire de la noche movía las nubes a gran velocidad y agitaba los árboles con furia.
- Así que no has perdido tus cualidades, querida hija.
En una fuente de piedra, Zoltana miraba en el agua todo el proceso de su hija. Sonrió discretamente al notar en el contenedor el reflejo de la gema azul que aun la reina traía colgada a su cuello.
Estaba hecho. A partir de esa noche Mohamed Kryory y la Élite de los Caballeros Negros estaban a su mando y, en ese mismo momento, las órdenes para capturar al hombre de Zsam-jara habían sido efectuadas. El acto para encontrar el tesoro mas ansiado por la reina había comenzado.

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Lo que aquí leas son textos realizados por mí, espero te gusten.
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